Ciencia y homosexualidad
Si a un niño se le enseñase la foto que hay debajo de estas líneas no dudaría ni por un momento en considerar que está ante una romántica historia de amor entre un pingüino y una pingüina: mentira.

Tal es la presión de la imaginería social heterosexual que a las mentes de nuestros jóvenes se las mediatiza para que no les quepa la posibilidad de la duda y de la diversidad. Estos pingüinos pueden ser él y él. Pueden ser una pareja, como tantas, de pingüinos homosexuales. La propia ciencia cae, a veces, en su propia inercia y trata de aplicar saberes prejuiciosos a cosas que responden a otra realidad. Esto les pasó a los “bienintencionados” cuidadores del zoo alemán Bremerhaven (ver periódico “El Mundo”, 10 de febrero 2006) que creían que sus pingüinos macho formaban parejas homosexuales y empollaban piedras porque no tenían hembras a mano. Se las trajeron “suecas” y ni por esas: estos pingüinos macho siguieron formando sus propias parejas y pasaron de las hembras suecas.
Si demostramos que lo más natural es que haya homosexualidad en especies con comportamientos sociales complejos: los razonamientos de sectores retrógrados y heterosexistas como la Iglesia Católica se desploman

Tampoco es irrelevante mirar para el mundo animal cuando vemos lo cerca que estamos los unos de los otros, cuando vemos que hasta al Congreso de los Diputados ha llegado una propuesta no de ley que pretende adjudicar a los grandes simios algún rango de derechos que nos otorgamos entre los humanos y se hace esta petición sobre una documentación científica muy elaborada y contrastada (ver “El Ideal Gallego” del 25 de abril de 2006). La Iglesia, que si calla revienta, también con motivo de esta noticia despotricó. Lo gordo del caso es que las especies de simios especialmente consideradas en este estudio (chimpancés, bonobos...) tienen relaciones homosexuales, libres, consentidas y con un sentido social de relación entre los individuos del grupo. Va a resultar que, si los papistas no nos quieren admitir a los homosexuales como seres humanos perfectamente sanos, no les va a quedar mas remedio que aceptar que somos perfectamente “naturales” por nuestra asimilación humana al mono. No les va a quedar más remedio que entrar por el aro de la verdad más universal: la ciencia.
Por otra parte no se deja de investigar sobre nuestro propio cuerpo y los científicos están embebidos en una carrera frenética por encontrar el gen que nos diferencia a los maricas y a los heteros. Unos por enriquecer el conocimiento y otros con el ánimo de encontrar una manera de extirpar lo que no les gusta que la naturaleza cree. Por el camino los científicos que son capaces de levantar la vista y ver más allá de una mitocondria ya tienen claro que se pueden encontrar factores físicos que incidan en el comportamiento homosexual pero constatan que también los factores socio-culturales tienen mucho que decir al respecto y concluyen que el crecimiento intelectual y social del ser humano, como especie, no sería el que es si precisamente si no se diese la posibilidad del comportamiento homosexual.
Y por mucho que digan los popes de cualquier iglesia integrista la experiencia, la ciencia y el estudio nos ha dotado, al conjunto de los humanos, de unos saberes incuestionables, que hoy tienen forma de declaraciones fundamentales proclamadas por instituciones de rango mundial. Estas deberían ser de tan obligado conocimiento para la ciudadanía como las leyes que rigen nuestra convivencia diaria.
